Capítulo 2. “Niñera”
-¡Kyuhyun! ¡Mierda, Bandido se escapa!- como
una bala salió aquel caballo negro azabache, saltando la valla de madera y
dejando un rastro de polvo a su espalda. Sin dudarlo, el joven castaño montó
rápidamente su yegua color chocolate, bajo la cansada mirada de su amigo
y salió disparado tras "indomable", como comenzaban a apodar al
animal.
Después de haber pasado casi toda la mañana y
media tarde intentado domar a aquella bestia que había vuelto a su hogar, tras
pasar años en el extranjero, Kyuhyun no se sentía con ganas de perseguirlo por
todo el terreno. Los rayos del Sol quemaban cada rincón de su cuerpo y su
cabello castaño ondeaba al son del viento. Cabalgó con cuerda en mano,
siguiendo el rastro del animal hasta que llegó un punto en el que lo perdió por
completo. Deambuló hasta llegar a las afueras de las tierras, viendo a lo lejos
la carretera que conducía al pueblo. Divisó un coche a un lado del asfalto,
pero lo que realmente le sorprendió fue ver a Bandido junto a un forastero que
cruzaba el cercado de madera para alcanzarlo.
"Joder no, ese maldito caballo es
peligroso"
Rápidamente cabalgó hacia ellos, pero disminuyó
el paso al percatarse de cómo el joven de cabellos dorados sonreía mientras
acariciaba a un sumiso Bandido, que hace unos minutos relinchaba con furia y
corría como un demonio.
El rubio frunció el ceño al ver al castaño con una cuerda preparada
acercándose con cuidado.
-Es mejor que te mantengas alejado de ese caballo, es peligroso- el tono
demandante del castaño no le gustó nada al forastero..
-¿No lo ves? Estás equivocado, así que no pienso dejar que lo atrapes
como a una bestia- Dijo sin dejar de acariciar al caballo que se
posicionaba detrás de él, como si fuera consciente de todo. De repente aquella
expresión infantil y risueña que tenía el rubio se esfumó, dejando un rostro
firme y lleno de confianza.
Kyuhyun no pudo evitar sonreír por aquel cambio en el rostro porcelana.
Era extraño, pero de repente le recordó al propio Bandido y el cambio en sí le
pareció algo tierno. "¿Tierno?" Se deshizo de sus pensamientos
maldiciéndose mentalmente por ellos. El sol le estaba empezando a pegar fuerte
en la cabeza.
-No sé cómo lo has conseguido, pero es bastante agresivo normalmente. De
todos modos, tengo que llevarlo de vuelta al estab...
-Yo lo llevo- Esa voz decidida lo interrumpió sorprendiéndolo. Esto
empezaba a cansarlo y aunque estaba agradecido por las molestias no dejaría que
un forastero hiciera su trabajo.
-Agradezco la oferta pero no hace falta tantas molestias - sus tonos de
voz contrastaban totalmente.
-He dicho que yo lo llevo- volvió a insistir el forastero. Demasiado frío
y cortante, demasiado carácter, demasiado calor. Ese rubio entrometido estaba
acabando con su paciencia y le estaba haciendo perder el tiempo.
-¡Hey Sungmin! ¿Podrías echarme una mano?- Un fuerte hombre lleno de
aceite de coche en las manos gritó desde debajo del capó que lo tapaba por
completo.
"Sungmin..." Después de analizar un poco su rostro no dudó más
y supo de quién se trataba. Aquel rubio que lo miraba desafiante era Sungmin,
el nieto del viejo Lee, el dueño de Bandido, su amigo de la infancia, su
hyung. Recordaba como si fuera ayer todo el tiempo que pasaban juntos cuando el
mayor visitaba la hacienda. Tenía grabada perfectamente la admiración que
sentía por esa alma feliz que le enseñaba a montar y cuidar a los caballos. Ese
joven era su hyung y desde niño siempre quiso parecerse a él, tan libre y
alegre. Los recuerdos inundaron su mente. De niño, cada día se esforzaba para
llegar a montar igual de bien que el mayor y siempre lo buscaba para aprender
algo nuevo que seguro el viejo Lee le enseñaba. Hasta que... No volvió a la
hacienda nunca más. El abuelo (como él también lo llamaba) enfermó y no hubo
rastro de Sungmin. El viejo murió y lo último que se rumoró fue que su hyung
sufrió un grave shock por la noticia. Y dejándolo solo, despareció como si
nunca hubiera existido. Pero él lo recordaba, jamás lo olvidaría. Pasó mucho
tiempo esperándolo, era un niño y había perdido a su mejor amigo, le destrozó
el corazón.
Sentía una mezcla de felicidad y rabia en esos momentos. El cariño que le
tenía era muy fuerte, se habían criado prácticamente juntos, gracias a que sus
familias eran muy unidas y él vivía en una casa cercana a la hacienda de los
Lee. Aunque quería lanzarse y abrazarle no podía hacerlo. Estaba en frente de
un joven de cabellos dorados ligeramente despeinados, más bajo que él, de
espalda ancha, cintura estrecha y rostro de porcelana. Su belleza era
desbordante, siempre lo fue y más en ese momento que había madurado.
Simplemente no podía lanzarse a él como si se conocieran desde siempre.
"¿Por qué no?" Tal vez todavía guardaba rencor por haber desaparecido
sin decirle nada. Pensó que lo más probable era que el rubio no lo había
reconocido tampoco. No pudo evitar percatarse de que sus ojos avellana habían
perdido por completo el brillo que lo caracterizaban. Kyuhyun se había quedado
embobado mirando y reconociendo al forastero y al ver la incomodidad de éste
reaccionó.
-¿Sungmin?- el aludido miró confundido al castaño que parecía conocerlo
-Hyung...-
El rubio abrió los ojos como platos al oír esa palabra y sintió una
sacudida interna. Conocía a esa persona.
-¿Kyuh...
- ¡Kyuhyun! ¡Cuánto tiempo muchacho!- Kangin llegó hasta ellos y abrazó a
Kyuhyun a modo de saludo y éste lo recibió con familiaridad - Oh ¿Se conocen?-
el chofer de la familia disparó la pregunta mientras un ambiente tenso se
instalaba entre los más jóvenes.
-Esto... Sí, éramos amigos de pequeños...- Kyuhyun se maldijo por soltar
aquello de una forma tan triste- ...nadábamos desnudos en el manantial y
llenábamos de barro a los caballos para después limpiarlos- intentó usar un
tono de broma para calmar el ambiente. Se llevó la risa de Kangin como recompensa
y lo mejor, un rostro muy sonrojado por parte del rubio.
Sungmin sentía arder sus mejillas por tal comentario totalmente
innecesario y todavía sorprendido por la situación, bajó la mirada en silencio.
-¡Genial entonces! Necesito que me hagas un favor. El coche nos ha dejado
tirados y tengo órdenes de llevar a Sungmin a la hacienda antes de que
anochezca. ¿Podrías llevarlo y asegurarte de que entre por favor? Yo estaré
allí en dos días- Kyuhyun se sorprendió por la petición, ya que más que de una
persona parecía que le encargaban llevar al propio Bandido.
-Por supu...
-¡Puedo ir solo! Kangin, no pienso huir, estoy demasiado lejos de casa-
alzó la mirada indignado.
-Me da igual Sungmin, tengo órdenes, por favor no me lo pongas difícil-
pasaron unos sengundos hasta que el más bajo cedió rodando los ojos.
-Muy bien, ¡nos vemos en unos días muchachos!- Sungmin observó cómo
Kangin corría hacia el pueblo que quedaba a menos de 1 kilometro. Estaba en
bastante forma, seguro que no supondría un problema para él.
-¡Hasta luego jefe!- se despidió el castaño.
-¿Jefe?
-Kangin es el capataz de la hacienda en verano desde hace unos años. Yo
trabajo oficialmente en el establo desde que empezó el verano, pero siempre he
estado allí cuidando de los caballos, como siempre... La abuela insistió en
pagarme por ello.
"La abuela..." Debía ir pronto a la hacienda y aunque no le
gustase, Kyuhyun tenía que llevarle.
No sabía por qué pero le molestaba el hecho de que el castaño hiciera de
"niñera" para él. Y aunque ya sabía quién era, no podía verlo más que
como un desconocido que intentaba atrapar a SU caballo. Y la rabia por ello lo
estaba cegando. Encontrarse con Bandido no entraba en sus planes pero fue la
mejor sorpresa que pudo tener. Su abuelo le había regalado aquella preciosidad
de caballo cuando cumplió 10 años y aun habiendo pasado tantos años, pudo
reconocerlo. Lo último que supo de su caballo fue que un amigo de su abuelo se
lo había llevado al extranjero y de eso hacían 3 años.
-¡Hasta que te encuentro Kyu!- Un joven vaquero, bastante cansado, llegó
hasta ellos en otro caballo y el rubio le agradeció a los cielos por no tener
que quedarse a solas más tiempo con Kyuhyun.
-¡Hae! Perfecto, llegas en muy buen momento.- la expresión del recién
llegado le indicó a Kyuhyun que debía presentarle al forastero.
Con la ayuda de Donghae, Kyuhyun se encargó de atar las dos maletas de
Sungmin a los extremos de Bandido. Después de presentarse, Sungmin se dedicó a
observar en silencio el trabajo y la animada charla de esos dos, sin ayudar en
casi nada ya que se las arreglaban muy bien ellos solos. Tampoco se sentía con
ganas de hablar y la sorpresa infinita de Donghae al enterarse de que el nieto
del viejo había vuelto, lo puso muy incómodo. Pero algo le oprimía el pecho. Si
lo pensaba un poco, se acababa de encontrar con su dongsaeng después de tantos
años y era consciente de que había desaparecido sin decirle una palabra.
¿Culpabilidad? Quizás... Pero habían pasado muchos años, no podía pensar
en eso, tenía que llegar pronto a la casa y ver a su abuela.
Cuando terminaron, el castaño le tendió la mano desde su yegua para
cumplir con su mandato. Vacilando, Sungmin la aceptó y de un salto subió al
animal. Hacían muchos años que no montaba un caballo. La altura le produjo un
poco de vértigo al principio, pero agarrándose de la montura logró
estabilizarse.
-¡Nos vemos allí!- Donghae se despidió llevándose a un Bandido
sorprendentemente sumiso con el equipaje. Sungmin lo observó mientras se
alejaba, realmente parecía un chico muy simpático y animado aparte de ser
apuesto aun teniendo una expresión infantil y se notaba lo cercano que era con
Kyuhyun. Parecía que trabajaba con los caballos de la hacienda así que supuso
que él y el castaño pasaban mucho tiempo juntos.
Una fuerte sacudida del animal lo despertó de sus pensamientos y le quitó
el equilibrio. Antes de ser consciente soltó un gritito y se vio agarrado de la
espalda del menor para no caer. Al darse cuenta rápidamente deshizo el agarre
como si quemara. Sus mejillas ardían. Kyuhyun paró al percatarse de lo
sucedido.
-¡¿Podrías no ser tan bruto?!
-Lo siento, no sabía que estabas distraído- una sonrisa pícara se instaló
en el rostro del castaño al ver al otro totalmemte rojo y con las mejillas
ligeramente infladas. En realidad, el rostro de Sungmin apenas había cambiado,
aquel pelo rubio lo confundió totalmente, seguramente por eso no lo había
reconocido a primera vista pero, sus ojos avellana, su piel de porcelana y sus
labios rosados en forma de corazón eran inconfundibles.
-Será mejor que te des prisa si no quieres fallar a tu jefe, pronto
anochecerá-
La voz del teñido, interrumpió sus pensamientos. Su característica
sonrisa de lado surcó su rostro aumentando su atractivo.
-Entonces, deberías agarrarte fuerte forastero- después de la advertencia
salieron disparados hacia la casa. A Sungmin le tentaban los brazos para
agarrarse a kyuhyun y no caer pero se contuvo y mantuvo el equilibrio
agarrándose a la silla por atrás, aguanto hasta que vieron a lo lejos un enorme
arco de madera que decoraba la entrada principal a la hacienta, con las
palabras "La Herradura de Cristal" en metal y madera. Era precioso
ver cómo habían conseguido mezclar la madera y el metal en las letras, haciendo
que parecieran uno solo y brillaran a la luz del atardecer.
Ya está, había llegado y no había vuelta a atrás. Miles de recuerdos se
agolparon en su mente obligándolo a cerrar los ojos y bajar la cabeza.
Demasiados recuerdos de su infancia y su abuelo lo torturaron sin aviso. Sus
manos se aferraron con fuerza a la camisa del que le daba la espalda. Una
fuerte presión en su pecho lo hizo jadear y varias lagrimas asomaban por sus
ojos cerrados. No podía derrumbarse ahora.
-Hey ¿Sungmin, qué pasa? ¿Estás bien?- una suave y preocupada voz lo
trajo de vuelta a la realidad ¿Cuánto tiempo había estado en ese trance?
¿Cuántas veces lo había tenido que llamar el menor para que reaccionara? -
Hyung~...- aquel susurro lo hizo abrir sus ojos aguados y con rapidez quitó su
agarre de la camisa ajena para limpiarse con fuerza las lágrimas rebeldes.
-Lo-lo siento... Yo...- Kyuhyun bajó del caballo y le ofreció su mano
ayudándolo a bajar.-Gracias...-
Apenas se había dado cuenta de lo ocurrido y el sonrojo ya volvía a
delatar sus emociones. Con una gran delicadeza, unos fuertes brazos lo rodearon
y un cálido pecho acogió su cabeza. Se vio en los brazos de Kyuhyun y la paz
que le daba ese abrazo era muy reconfortante, demasiado, pensó.
-¡Minnie!- se separó del menor como si quemara. Kyuhyun le miraba
confundido por aquella reacción, tampoco es que estuvieran haciendo nada malo,
él entendía lo mal que lo debía estar pasando Min volviendo a aquel lugar y
solo quería reconfortarlo. Un muchacho con una hermosa sonrisa que mostraba sus
encías, se acercó a ellos agitando la mano.
-¿Hyuk? ¿Qué haces aquí?- para nada se esperaba encontrar a su mejor
amigo allí.
-No dejaré que me cambies por vaqueros y caballos todo el verano- bromeó,
lanzándole un mirada de arriba a abajo al castaño que se asomaba detrás de su
amigo. El más bajo se sonrojó como nunca y lanzó un intento de mirada enfadada
a su amigo- Así que aquí me tienes - se fundieron en un abrazo bastante común
para ellos, bajo la curiosa mirada del más alto.
-Gracias por venir – susurró a su mejor amigo con la angustia en su
garganta.
-Bueno, ¿no me vas a presentar a tu vaquero?- Hyuk era experto haciendo
comentarios inapropiados
y sonrojando al mayor. Para suerte de Min, Kyuhyun
solo rió por la broma y se presentó.
-Un gusto, soy Kyuhyun, trabajo aquí en la hacienda- se estrecharon la
mano.
-Igualmente Kyuhyun, yo soy Eunhyuk, el mejor amigo de aquí Don
Mesonrojoyenfadoporunabromaestúpida y si me disculpas te lo robaré un rato-
dijo refiriéndose al mayor que estaba a punto de explotar. El castaño sonrió
divertido por la cara del mayor- Vamos Min te están esperando!-
Eunhyuk arrastró de la mano a Sungmin hasta la casa sin darle
opción a que se dispidiera del menor. Aunque pensó que era un alivio ya que
estaba demasiado avergonzado y sonrojado como para mirarle a la cara. Estúpido
Hyuk.
El ruido de serpentina disparada, música y el grito de
"Bienvenido" por parte del gentío, lo dejo patidifuso en la puerta de
la entrada. Casi toda su familia, tíos, primos, primos lejanos, vecinos, amigos
del pueblo y sirvientes, lo esperaban con una gran fiesta de bienvenida. La
primera a la que saludó con un fuerte abrazo y alzándola un poco en brazos fue
a su abuela. Notó cómo los años habían dejado muchas marcas en ella desde la
última vez. Después empezó a saludar uno por uno a todos los presentes, con su
abuela detrás de guía, diciéndole los nombres y preguntándole cada dos por tres
"¿Te acuerdas de él/ella hijo?" y en el 90% de los casos llevándose
una negativa por parte del teñido. La música tradicional llenaba el ambiente y
todos contentos gracias a la llegada del nieto de los Lee se dejaron llevar por
el buen ambiente de la fiesta.
Sungmin se sentía demasiado abrumado. El ver a todos felices por su
llegada, mientras que él maldecía estar allí, le dejaba un sabor amargo en la
boca. Solo podía intentar sonreír y saludar a todos.
La comida sin duda era obra de su abuela. Degustaba como un niño pequeño
cada bocado que se llevaba a la boca. La fiesta se alargó hasta las tantas y
después de los últimos "hasta luego" se dispuso a subir a su
habitación.
Rosa. Era todo rosa. Las paredes, las sabanas, el armario... Estaba casi
todo intacto. Entró abrumado por los recuerdos y con una sonrisa acarició cada
rincón. Las paredes estaban llenas de dibujos de caballos o más bien intentos
de caballos, no era muy bueno con el lápiz y una gran sonrisa iluminó su rostro
al ver sus obras de cuando era niño. Un dibujo de un caballo a orillas de un
manantial llamó su atención. Sabía que no lo había hecho él, pues era hermoso,
y de inmediato supo quién era el autor. Kyuhyun siempre amó la pintura y ya
desde niño demostraba grandes habilidades a la hora de dibujar. Aquella obra se
la había regalado su dongsaeng, el último año que estuvo allí.
¿Dónde estaba Kyuhyun en ese momento? No recordaba haberlo visto en la
fiesta ni en la cena. Quizás estaba con Donghae en las cuadras. Se vio
frunciendo el ceño ante tal idea pero antes de darse cuenta el llamado de su
abuela lo hizo reaccionar y bajar deprisa al salón.
-Cariño, deberías dormir ya, tienes que descansar, mañana será un día
largo- Recibió un cálido beso en la frente y como si fuera la mejor noticia del
mundo, su abuela le informó indirectamente que se levantaría muy pronto por la
mañana.
-Me muero de cansancio abuela, mañana no podr...
-Por eso deberías acostarte ahora. He mandado a Kyuhyun para que se
encargue de enseñarte todo lo que te has perdido estos años cariño y...- un
momento, ¿había oído bien?
-¿Qué? ¿Encargarse de mí? ¿Kyuhyun? ¡No necesito una niñera abuela! ¡Y
menos él!- No tenía claro por qué pero, lo último que quería era pasar todo el
día con Kyuhyun.
-Vi cuando llegaron esta tarde, parecían cercanos y creí que sería la
mejor opción- El tono pícaro de su abuela lo dejo congelado en el sitio y con
otra vez un sonrojo en las mejillas mientras que ella parecía disfrutar de la
situación ¿Los había espiado? ¿Entonces, los había visto? Pero... ¿Haciendo
qué? Solo fue un simple abrazo. Se aclaró la garganta.
-Te equivocas, ni siquiera le conozco, han pasado muchos años, es un
extraño para mí- la señora se entristeció por aquella voz dura. Pero no estaba
dispuesta a dejarse vencer.
-¡Mejor aún! Así podrán conocerse y recuperar el tiempo perdido. Ya se lo
he dicho así que no hay vuelta a atrás.
-Pe-pero!
-¡Buenas noches cariño! ¡No olvides ponerte el pijamita y lavarte
los dientes antes de meterte en la cama! -
-¡Abuela! - antes de reclamo alguno, la vieja ya se había encerrado en su
habitación.
Perfecto, estaba en un sitio en el que no quería estar, y encima con
niñera. Tiró frustrado la toalla que llevaba en la mano a su amigo Eunhyuk que
dormía como tronco en el sofá, después de tantas copas de soju. Ni siquiera se
inmutó. Eso lo cabreó más.
-No creo que tu amigo tenga la culpa de nada. - La voz de Kyuhyun desde
la puerta lo hizo saltar del susto. Genial, lo que le faltaba.
-¿Qué quieres?
-Soooo forastero, no te descargues conmigo.
¿Forastero? ¿Pero quién se ha creído?
-No me llames así y dime a qué viniste.
-Te espero mañana a las 8 en el establo - el rubio rodó los ojos
suspirando con pesadez, esto no le gustaba nada.
-¿Nada más?- Intentaba como podía sonar lo más indiferente posible. El
castaño negó. -Hasta mañana entonces.
-¿Se puede saber qué tienes contra mí? – El castaño no estaba cabreado ni
lo más mínimo, le divertía el comportamiento del mayor. El rubio sonrió con
maldad.
-No me gustan las niñeras - y sin más el rubio subió a su habitación
dejándolo con la palabra en la boca.
-Ni a mí los teñidos, tsk. - no pudo evitar reír por aquella situación,
disfrutaba el enfado sin causa del mayor y lo incitaba a provocarlo más, pero
sus partes bajas le agradecieron que el otro no llegara a escuchar esa última
frase.
El primero día sin duda sería muy largo...
Continuará...
Demasiado bueno. Tiene potencial y buenos argumentos ;D
ResponderEliminarEspero de corazón que sigas escribiendo ^^