lunes, 4 de agosto de 2014

[KyuMin] La Herradura de Cristal [4/??]

Capítulo 4. ''Corazón herido''




-¿Quién es ese forastero?

-Es Lee Sungmin – contestó Donghae a la muchacha de cabellos castaños, que observaba cómo el recién llegado calmaba a la bestia con solo tocar una guitarra.

-¿Es el nieto de la familia Lee? – Cuestionó, a lo que Donghae asintió. La muchacha frunció el ceño ante la noticia. – Está loco si cree que puede calmar a ese caballo tocándole una canción, ¡já!

-No deberías subestimarlo, Victoria-ssi.  Además,  Kyu confió en él.

-¿Kyuhyun? – Meditó por un instante  y su enojo aumentó.

-Ah… Es que la señora Lee le encargó a hyung el cuidado de Sungmin-ssi, mientras se adapta al lugar.

Victoria apretó los puños a sus costados inconscientemente. Sungmin consiguió amansar al caballo, callando a todo aquel que no creía que lo conseguiría, incluyéndola a ella. Vio cómo el forastero acariciaba a Bandido, pero se dio cuenta de que su mirada se dirigía a alguien del público que lo rodeaba, siguió el camino de sus ojos y se topó con nada más y nada menos que los ojos de Kyuhyun. Esos dos se miraban, y no le gustaba nada la forma en que lo hacían.

***

-Ha pasado tanto tiempo, amigo.

Después del numerito que hizo en el corral, donde más o menos 15 pares de ojos lo observaban (todos los vaqueros que trabajan ahí e incluso el personal de la casa) Sungmin cepillaba las crines color noche de bandido en la caballeriza, mientras tarareaba una canción.

-Te han cuidado bastante bien, jamás debí abandonarte así, perdóname – dijo lo último en un susurro, apoyando su cabeza en la frente del animal.

Bandido resopló, levantando la mirada gacha de su amo con el hocico, animándolo igual que un buen amigo. Sungmin sonrió y continuó cepillándolo. Un pura sangre inglés se erguía ante sus ojos, con el pelaje oscuro recién cuidado y totalmente impecable. Lo contempló en silencio durante un rato, rememorando los muchos momentos que habían pasado juntos.

-Eres hermoso

-Lo sé, pero normalmente prefiero que me digan algo más como ‘’sexy’’ o ‘’ardiente’’
Sungmin se sobresaltó al escuchar esa voz y al girar y descubrir que se trataba de Kyuhyun, no tardó en fruncir el ceño.

El castaño rió viendo la cara de enfado de su hyung, gozaba con esa expresión caprichosa y con ese ligero toque carmín en las mejillas de Sungmin.

-Idiota, se lo decía al caballo.

-¿Y eso a quién le importa? – sonreía ladinamente provocando aún más al mayor.

-Ash! – Sungmin cerró con fuerza la caballeriza mientras contaba hasta 10 mentalmente para no perder la poca paciencia que tenía - ¿Qué quieres?

-Debemos ir al pueblo a comprar alimento para los caballos.

-¿Tengo que ir yo también?

-No, pero no quiero ir solo.

-Podrías pedírselo a Donghae, Kangin o cualquier otra persona – insistió.
El vaquero apartó la mirada vacilando y pasó su mano derecha por las hebras castañas de su cabeza como acto reflejo, parecía nervioso.

-Quiero ir contigo – dijo al fin.

Sungmin no supo en qué momento se encontraba en el asiento del copiloto de una camioneta con Kyuhyun a su lado conduciendo. Esas tres palabras resonaban en su cabeza como disco rayado y se sentía un estúpido por darle tantas vueltas. En qué momento aceptó, y por qué, eran preguntas que se hacía sin lograr responder. Lo único que sabía era que el camino en completo silencio lo estaba poniendo nervioso, aunque tampoco hacía nada para remediarlo ya que se la pasaba mirando por la ventanilla.
Kyuhyun sostenía con la mano izquierda el volante mientras que la derecha descansaba en la palanca de cambio. Parecía contento, sonreía como un niño travieso que se trae algo entre manos.

Entraron al pueblo y Sungmin observó que no había cambiado casi nada. Las calles eran angostas pero en perfecto estado, las flores abundaban como siempre en las ventanas de cada casa, los árboles se asomaban en los parques con un verde intenso gracias al verano, la gente en los parques con sus perros, niños jugando, todos se veían tan felices, y sin darse cuenta su boca ayudó a la decoración con una sonrisa. El recorrido se hizo largo, era como si no tuvieran una meta, hacía años que no visitaba el pueblo, pero recordaba vagamente dónde estaba la tienda y ya se habían desviado del camino varias veces. Cada minuto que pasaba estaba más seguro de que su dongsaeng estaba haciendo esto a propósito, pero la razón no la tenía clara. Pasaron por un parque que reconoció al instante gracias a la fuente de agua que lo adornaba en medio, ‘’La fuente de los deseos’’. Una pequeña risa se le escapó al recordar el tiempo y dinero que había gastado ahí.

-Kyuhyunie, Kyuhyunie! ¿Qué deseo pediste?

-Si te lo digo no se hará realidad hyung.

El niño más bajito infló los cachetes en desagrado por la respuesta del más alto. Sentía demasiada curiosidad por saber qué deseo pidió el otro así que no se daría por vencido tan fácilmente.

-Está bien, te diré el mío,! pedí que nunca nos separemos Kyuhyunie! – exclamó sonriendo con las mejillas sonrojadas.

-Aish! No tenías que haberlo dicho hyung! Ahora no se cumplirá – agachó la mirada con tristeza.

-Lo siento… yo solo quería saber tu deseo - se entristeció más  al ser consciente de que ahora lo que más deseaba no se haría realidad.

-Mmmm, ya se hyung! – dijo el menor, devolviéndole la sonrisa al niño de labios acorazonados – Te diré mi deseo si me das un beso.

Esas palabras hicieron que la cara porcelana del pelinegro se volviera como un tomate en cuestión de segundos. Su corazón de repente se aceleró y no creía que fuera capaz de hablar. Juntó el entrecejo y miró a su dongsaeng que sonreía feliz. Pensó que seguro le había pedido eso porque no lo creía capaz, y el deseo seguiría siendo un secreto. Así que su única salida era armarse de valor.

-E-está bien, pero cierra los ojos – advirtió sin mirarlo, con la cara roja de vergüenza.

El muchachito obedeció sin quitar la sonrisa de sus comisuras.

-Tiene que ser en la boca hyung, si no, no vale – advirtió, sorprendiendo a su hyung  que ya se acercaba para cumplir el trato.

-Yah! Está bien! No abras los ojos!

El menor sintió un suave y esponjoso tacto en los labios. Un olor dulce, a flores y chocolate impregnó su alrededor. Abrió los ojos cuando dejó de sentir aquello, para encontrarse con su hyung sonrojado, mirando al suelo y con las manitos escondidas en su espalda.

-Ya, di-dímelo.

-Mi deseo se acaba de cumplir hyung.- soltó con una gran sonrisa en el rostro.

-Kyuhyun-ah es hora de irnos! – llamó una señora desde el otro lado del parque.

-Nos vemos hyung! – se fue con prisa para alcanzar a su mamá, agitando la mano como despedida y sin borrar esa sonrisa de sus labios.

El más bajito se quedó ahí callado, tieso, apenas levantó un poco la mano para responder. Sin saber por qué sentía que su corazón se le quería salir por lo rápido que latía y hasta pensó que tenía fiebre por lo caliente que sentía su rostro.

-Adiós Kyu... – susurró.

El sonido seco de la puerta de la camioneta lo despertó, habían llegado a la tienda y Kyuhyun lo miraba desde la entrada haciendo gestos para que fuera. Salió automáticamente sin dejar de pensar en el recuerdo que lo había inundado antes. Cruzó la puerta de la tienda golpeando los cristales que colgaban  en la entrada, Kyuhyun ya hablaba con el dueño. El olor a alfalfa, avena, semillas, paja y campo lo envolvieron.

-¿Qué desea? – preguntó amablemente un hombre mayor, con barba blanca y lentes redondos.

-Viene conmigo señor Woon. Él es Lee Sungmin, el nieto del viejo Lee, ¿lo recuerda?
Vio cómo aquel hombre abría sus ojos asombrado y se ajustaba los lentes como si eso le hiciera ver mejor, lo miró de arriba abajo y sonrió, asintiendo a lo que Kyuhyun había dicho.

-Claro que me acuerdo de él, ha crecido mucho – dijo riendo – ¡Bienvenido de nuevo muchacho!

-Gracias – se escuchó un poco cohibido. Le resultaba incómodo que todo el mundo se acordara de quién era cuando él no tenía memoria de ellos. No es que no recordara a nadie, recordaba bien a su abuela, poco a poco a Kyuhyun y vagamente a algunos parientes que vio en la fiesta de bienvenida, algo es algo.

-Si algún día necesitas algo muchacho solo ven a mi tienda o llámame, tu abuelo y yo éramos buenos amigos.

-Lo haré, gracias.

Kyuhyun compró varias latas de alfalfa y unos cuantos costales de verduras que puso en la parte de atrás de la camioneta con facilidad aunque pareciesen muy pesados. Él ni siquiera se movió y tampoco le ofreció ayuda, estaba distraído pensando en los recuerdos que tenía de él y Kyuhyun.

Una camioneta grande y lujosa se estacionó cerca de ellos, de ella salieron dos vaqueros de pieles tostadas y uno de piel porcelana y rasgos más delicados, con ropas  que marcaban perfectamente sus muy bien trabajados cuerpos, aunque eso resaltara más en los dos morenos, con sombreros que los cubrían del sol y esa forma de caminar que, Sungmin empezaba a pensar, todos tenían en común, hasta Kyuhyun, supuso que se debía al tiempo que pasaban montando caballos. Los tres se dirigieron a ellos. Uno le susurró al más alto algo que lo hizo sonreír, acto que provocó el ceño fruncido de Kyuhyun.

-Vaya vaya! Así que era cierto, el nieto del viejo Lee ha vuelto. Yo soy Yunho, mucho gusto – dijo tendiéndole la mano al forastero sin dejar de mirarlo de arriba abajo como un león a punto de cazar. Sungmin lo saludó de igual manera regalándole una de esas sonrisas que deberían estar prohibidas - y ellos son Changmin y Heechul - los nombrados saludaron levantando ligeramente sus sombreros.

Sungmin no era estúpido, se había topado con muchos tipos como ese en su vida, y reconocía perfectamente esa mirada. No le molestaba, es más, le agradaba saber el deseo que provocaba en otros hombres con tan solo su presencia, y más de uno como ese moreno, pero no era momento para demostrar lo zorra que podía llegar a ser.

-Creí que estabas en la ciudad, Yunho – la voz alta y grave de Kyuhyun se alzó.

Sungmin pensó que parecía enojado, de pronto su semblante había cambiado y los ojos con los que miraba a ese tal Yunho y su grupito de ‘’perros guardianes’’ no era muy amigable, seguro no se llevaban bien.

-Volví hace unos días, para las fiestas del pueblo. Ya sabes, jamás me perdería la carrera, ¿nos veremos allí, cierto?

-Dalo por seguro.

-No esperaba menos del actual campeón. – sonreía, pero Sungmin podía ver el odio y resentimiento en sus ojos.

-Yo también participaré – interrumpió el forastero, otra vez actuando por impulsos.

-Interesante

Por supuesto dudaban de él, solo había que verles las caras y cómo los otros que ni habían pronunciado palabra reprimían la risa.

-Esperemos que honres el nombre de tu abuelo, porque supongo que sabes que… - esta vez fue Changmin el que intervino.

-Sí, sí, que es una leyenda en las carreras, lo sé – dijo aún con más seguridad en sí mismo.

-Bien, entonces nos veremos pronto, discúlpennos pero tenemos prisa. – terminó diciendo Kyuhyun, casi como huyendo de la situación. Normalmente siempre mantenía la calma con Yunho, pero esta vez había algo que lo enfurecía y no estaba seguro de querer saber lo que era.

Los cuatro vaqueros se despidieron con sus sombreros y Sungmin se sintió como un estúpido por no tener sombrero y no saber cómo despedirse, optó por no hacer nada a lo que Yunho se dio cuenta y sonrió haciéndolo avergonzar y sentirse como un extraño  que no encajaba en el lugar, y es que era cierto, aunque hubiera crecido
prácticamente en ese pueblo, la ciudad lo había cambiado demasiado y ya no se sentía parte de ese lugar.

Se subieron a la camioneta bajo la atenta mirada de los otros, en especial de Yunho que no apartaba los ojos de Sungmin, acto que en ningún momento pasó desapercibido por Kyuhyun.

El camino de vuelta fue más corto, como sospechaba Sungmin, antes habían dado una especie de ‘’recorrido turístico’’ al pueblo gracias a su dongsaeng, y en el fondo se sentía agradecido aunque jamás lo admitiría. Kyuhyun estuvo todo el viaje serio, con la mirada fija en la carretera, totalmente contrario a lo que estaba antes. Cuando llegaron, el vaquero bajó todo lo que habían comprado agarrando los costales con fuerza y rabia, Sungmin se preguntaba por qué ese cambio pero no estaba seguro de preguntar. Cuando se decidió a hablar, Jia, la joven empleada de la hacienda llegó hasta él diciéndole que su abuela lo esperaba en el comedor.

-Será mejor que vayas, tengo cosas que hacer en la tarde, mi trabajo contigo terminó por hoy así que ya puedes estar contento.

''Trabajo'' Algo en su pecho dolió al escuchar esas palabras. Claro, él solo era un trabajo para Kyuhyun, pero, ya sabía esto, entonces ¿por qué se sintió así al oírlo? Además, se supone que él tampoco lo quería como niñera. No debía contradecirse.

Estaba a punto de marcharse cuando a lo lejos vio acercarse un caballo color crema al trote y paraba en la valla de madera que rodeaba la casa. Se dio cuenta que era la misma chica que con la que estaba hablando Kyuhyun esa manhana o más bien ofreciéndosele como perra en celo. Apretó los puños a sus costados mientras veía cómo el vaquero corría a su lado. Kyuhyun sonreía con las palabras de aquella muchacha y no supo si fue su impresión o qué pero esa chica lo miró un momento mientras sonreía, Sungmin le devolvió una mirada no muy amigable y antes de seguir presenciando esa escena se apuró y entró a la casa mientras se repetía en su cabeza que lo que acababa de sentir no eran celos.

Su abuela lo esperaba en el comedor con un delicioso almuerzo. Echó en falta la presencia de Eunhyuk que al parecer no se encontraba en la hacienda. Según su abuela, el rubio había salido un rato antes con Donghae.

-Sungmin-ah, cuéntame qué tal va tu primer día.

-Bien – Sungmin decidió saltarse los detalles de cómo había calmado a Bandido horas antes, ya que le interesaba más saber de otro tema – Fui al pueblo con Kyuhyun y nos encontramos con Yunho, Changmin y Heechul . - Su abuela de pronto dejó de comer y lo miró con interés al oírlo - ¿Los conoces?

-Hijo, esos tres muchachos son los nietos de Kim Dongwan , el dueño de la hacienda con más hectáreas, al norte del pueblo. Kim Dongwan y tu abuelo fueron grandes rivales en las carreras que se hacen todos los años, ya que eran los mejores. Esos tres muchachos que tiene como nietos son igual de competitivos, sobre todo el mayor de ellos y te diré una cosa, no me gustan nada, no los conozco bien pero tienen un aire de superioridad insoportable. Es mejor guardar distancias con ese tipo de personas.
Sungmin asintió pensativo, con lo que acababa de oír ya no estaba seguro si contarle a su abuela que estaba planeando participar en las carreras. Prefirió seguir comiendo y cambiar la conversación.

-Abuela, ¿sabes qué es lo que tiene que hacer Kyuhyun esta tarde? – al momento que preguntó se arrepintió de hacerlo. Quería cambiar de conversación pero no a otra peor, a él qué le importaba lo que tenía que hacer Kyuhyun.

Su abuela notó la pequeña guerra de contradicciones que su nieto sentía y sonrió.

-Supongo que después de terminar su trabajo aquí irá a su casa. Si no me equivoco su hermana llega hoy de la ciudad, seguro que él y su mamá querrán darle una gran bienvenida.

-¿Él y su mamá? – otra vez. Debería ponerse un bozal.

-Sus padres se divorciaron hace años, Sungminnie. Y antes de que me sigas preguntando, sí, Ahra se fue a estudiar a la ciudad y vive allí, pero viene todos los veranos. Kyuhyun ayuda a su madre a administrar la pequeña hacienda que tienen aunque se pase los días más aquí que en su propia casa.- sonrió a su nieto que tenía la mirada perdida, y no pudo evitar ver un atisbo de tristeza que la reconfortó. Sabía que su nieto no podía haber cambiado tanto. – Y… ¿Por qué tanto interés de repente por él? Creía que no te caía bien. – dijo de forma insinuante.

-Es solo curiosidad y no es que no me caiga bien, simplemente me es indiferente, apenas lo conozco. – dijo con una muy bien fingida expresión de desinterés que hasta él casi se cree. Ya aceptaba que le interesaba, aún no tenía claro de qué forma pero sí le interesaba ese vaquero, al fin al cabo, era parte de su infancia y vida que dejó en esa hacienda.

La conversación terminó con una risa burlona de su abuela que lo hizo fruncir el ceño y teñir ligeramente sus mejillas de rojo.

Después del almuerzo, Sungmin ayudó a su abuela a ordenar el viejo despacho del abuelo. Se notaba que hacía tiempo nadie pisaba esa pieza. Lo primero que se le pasó por la cabeza  cuando su abuela le propuso la idea fue que eso lo debería hacer el personal de la casa, pero solo sonrió y se guardó su pensamiento.

El despacho tenía una gran mesa de madera color vino al fondo, acompañada de una silla del mismo color; las estanterías llenas de libros (la mayoría sobre caballos)  y telarañas adornaban los extremos del cuarto, junto con varios cuadros de caballos en distintos paisajes. No había cambiado nada, Sungmin recordaba ese lugar con mucha nostalgia, ya que ahí su abuelo pasaba horas leyéndole libros sobre caballos, donde aprendió muchísimo.

Pronto sintió una opresión en el pecho que lo obligó a parar sus movimientos. Dolía, los recuerdos le dolían y no sabía cómo calmar ese dolor. Sin darse cuenta, pequeñas lágrimas silenciosas corrían por su rostro con cada centímetro de polvo que quitaba. Se sentía tan débil, su abuela limpiaba el cuarto con una sonrisa y tarareando una canción mientras él tenía una expresión lamentable. Escuchaba los comentarios de su abuela, y alguna que otra historia que le relató, pero solo asentía o respondía con monosílabos. Así pasaron toda la tarde, hasta que la anciana decidió que ya era suficiente.

-Tú no tienes la culpa, hijo – pronunció de repente, acercándose a su nieto mientras Sungmin negaba con la cabeza - Mírame – acunó su rostro con sus dos manos obligándolo a mirarla a los ojos – No es culpa tuya, quiero que te grabes eso en la cabeza. Tú eras un niño y tu abuelo era un viejo descuidado y enfermo.
Sungmin no quería escucharla, no quería estar ahí, sentía que le flaqueaban las piernas, no sabía cuánto más iba a aguantar esa conversación.

-Pero yo le dije que montara! – estalló, junto con su debilidad y lágrimas.

-Fue su decisión montar ese caballo sabiendo que podría caerse y golpearse, además eso no tuvo por qué causar su infarto cerebral, entiendes?

-No! Sé que cuando cayó se golpeó la cabeza, al poco tiempo quedó postrado en una cama y no me dejaron verlo más, fue mi culpa, si tan solo no le hubiera pedido que montara – sollozó apretando los puños a sus costados.
Su abuela, lo miraba firme, sin dudar, sin lágrimas, no podía derrumbarse ella, tenía que levantarlo.

-Escúchame bien, si sigues pensando así, si sigues cargando con esa culpa que no es tuya, que no es de nadie, los recuerdos solo te harán daño y no creo que a tu abuelo le guste que lo recuerdes con dolor. Deshecha esos pensamientos erróneos que has cosechado estos años y deja por fin la felicidad y el amor que te queda en los recuerdos que tienes con él, eso es lo único que tienes que sentir y ya va siendo hora de que lo hagas.

Las palabras de su abuela fueron como un respiro, una salida al final del laberinto, y se aferró a ellas, al igual que a sus brazos como un náufrago a la deriva se aferra a una tabla de madera de su barco destruido. Los minutos pasaron y las dos figuras seguían una en los brazos de la otra, curando el corazón herido.

Cenó un delicioso sandwich de pollo con su abuela, esta vez su amigo llegó justo a tiempo para acompanharlos en la mesa, pero después de ello Sungmin subió de inmediato a su cuarto, no se sentía con ganas de hablar más y estaba cansado por el todo lo que hizo en el día, nisiquiera la curiosidad que tenía por la cara feliz con la que llegó Eunhyuk lo hizo cambiar de idea. Su abuela entendió y aunque su amigo no supiera nada, comprendió y le deseó buenas noches.

Por fin en su cuarto, solo el con sus pensamientos, tuvo la oportunidad de analizar todo lo que había pasado ese día, y extrañamente lo primero que se le vino a la mente fue la carrera de caballos en la que planeaba competir. Sabía que tendría que entrenar duro ya que sus habilidades montando habían decrecido mucho, incluso se le pasó por la mente que Kyuhyun podría ayudarlo. ''Kyuhyun... tsk'' Se lamentó por pensar en él, pero pronto el sueño y cansancio de todo el día lo vencieron.

Continuará...

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