Capítulo 3. "Sin salida"
El cacareo de un gallo endemoniado lo despertó. Espió por la ventana y vio que apenas salían los primeros rayos del Sol.
Sueño.
Sungmin se moría de
sueño y era incapaz de abrir sus ojos por completo. Parecía que el gallo le
daba una cálida bienvenida ya que no para de hacer ruido y lo escuchaba como si
lo tuviera pegado en la oreja. Se tapó la cara bufando y maldiciendo su
existencia. Se dispuso a prepararse para pasar el día con su ‘’niñera’’ aunque
faltaran un par de horas para ello. Debía hacer algo importante, pensó. Algo
que con las prisas no pudo hacer antes de llegar a la hacienda.
A las ocho menos
cuarto en punto escuchó el llamado de su abuela y bajó apresurado. Se sentía de
buen humor.
-¡Buenos días
abuela! – dijo sobresaltando a la mujer que se encontraba dándole la espalda.
La señora pegó un grito al cielo de felicidad por ver a su nieto.
-¡Cariño, tu pelo!
– gritó acariciando el ahora cabello moreno de su nieto. – Este sí es mi nieto,
¿dónde te habías metido? – exageró haciéndolo sonreír.
-No dramatices,
solo es un color. Ya me cansé del rubio – el moreno intentó no darle
importancia pero la verdad era que quería estar en ese lugar pareciendo el de
antes y volver a tener su color de pelo natural ayudaba, poco, pero lo hacía.
Los fuertes brazos
de su abuela lo sorprendieron pero con gusto aceptó aquel abrazo reconfortante.
-Como tú digas – la
vieja era incapaz de esconder su inmensa sonrisa ante aquel avance en su
implacable nieto. – Kyuhyun te espera en el corral de atrás, me dijo que ya
tenía la primera tarea para ti.
Sungmin frunció el ceño pero por último suspiro llenándose de paciencia. Su abuela parecía feliz
de verlo hacer tareas por la casa, como antes.
-¡Yuju…! – ironizó haciendo reír a su abuela.
-Ya no estás en la
ciudad pequeño, aprenderás lo que seguramente has olvidado hacer todos estos
años. Y ahora ve, no lo hagas esperar – le guiñó un ojo divertida.
-Está bien, ya voy –
rodó los ojos y salió por la puerta de atrás llevándose un delicioso pedazo de
bizcocho que se tragó literalmente.
Salió a un hermoso
pero sencillo jardín (comparado con el de la entrada a la casa) y con un
caminito de tierra. Los rayos del Sol combinaban perfectamente con la cantidad
de colores que lo rodeaban. El olor de las flores era una deliciosa fragancia
que lo transportaba directamente a su infancia y los días que se pasaba jugando
y correteando por los alrededores de la casa. El lugar rebosaba vida y llenaba
de vitalidad a todo aquel que lo contemplaba.
Divisó al final del
caminito una estructura de madera que parecía ser el granero, junto a un corral
lleno de gallinas bulliciosas. Una hermosa yegua color chocolate curioseaba con
el hocico a los animales del corral mientras que éstos parecían burlarse de
ella. Se acercó al caballo y mirando a todos lados buscó a su dueño que no
debía andar lejos. Kyuhyun salió del granero con dos baldes de metal en las
manos. Vestía unos desgastados y sexys jeans azules y una camiseta blanca
ajustada que contrastaba con su piel ya morena. Un sombrero marrón cubría su
cabeza del Sol. Sungmin no supo por qué pero se vio ocultándose detrás de la
yegua que parecía consciente del plan y se quedaba quieta. Vio cómo Kyuhyun
dejó los baldes en el suelo, se sacó el sombrero y pasó su mano derecha por
esos mechones castaños que parecían rubios al sol.
‘’Sexy’’ Ese vaquero era tan sexy y tentador como el infierno. A Sungmin le atraían los hombres por lo que no le sorprendió pensar así. Seguro que tenía a todas las muchachas del pueblo mojando las bragas por él.
Con respecto a su
orientación sexual, sus padres también sabían y todavía era difícil que lo
aceptaran ya que el psicólogo al que lo habían llevado les hacía creer que
era parte de su rebeldía. Y ahora que lo pensaba, no estaba segura de que la
abuela lo supiera y esperaba que no. Quería decírselo él mismo.
Una maldita gallina
empezó a cacarearle, delatando su posición. Se irguió totalmente, disimulando
como pudo, pero ya era tarde, el castaño estaba a su lado, observándolo con una
sonrisa que provocó estragos en su interior.
-¿Quién eres tú y
qué has hecho con mi rubio forastero? – ironizó el castaño sorprendido por el
cambio.
El ahora moreno
intentaba disimular la vergüenza que reflejaban sus mejillas encendidas.
-En primer lugar,
no soy un forastero, y en segundo lugar, no exageres, es solo un color de
pelo. Iba a teñírmelo antes de llegar aquí pero me trajeron casi a rastras – omitió
negar la posesión con la que lo había tratado el menor ya que una parte en su
interior gritó ‘’Sí, todo tuyo’’
-Me gustas… quiero
decir, el color, el pelo es… Me gusta – carraspeó – Ahora pareces más tú.
-Gracias, creo -
¿Había conseguido poner nervioso al vaquero? Su ego se hinchó y con una sonrisa
pícara se le acercó lentamente. El moreno tenía ganas de jugar un rato pero
Kyuhyun se apartó con rapidez y fue a por los baldes que había dejado en el
suelo.
-Tu primera tarea
será dar el maíz a las gallinas – dijo con una amplia sonrisa
entregándole los baldes. Sungmin desilusionado y un poco dolido los agarró
bufando. Quizás al menor no le gustaban esa clase de bromas pero no parecía
homofóbico y además no sabía que él era gay.
‘’Y quizás nunca lo
sepa’’ pensó.
-Genial, gallinas,
las adoro – ironizó.
-Recuerdo que te
gustaba hacer esto antes. Además, no es una tarea difícil ¿o sí?
El castaño lo
retaba y él estaba dispuesto a demostrarle que podía hacerlo.
-Lo haré, es fácil.
– dijo decidido haciendo sonreír al más alto.
-Eso veremos. Iré a
por unas herramientas, ahora vuelvo.
Ignorando la marcha
de Kyuhyun, Sungmin se dispuso a dar de comer a las gallinas bulliciosas. Se acercó
lentamente al corral, agitando los baldes para llamar la atención de los
animales. El montón de gallinas hambrientas se le abalanzó haciéndolo elevar
sus brazos para que no le arrebataran los baldes. Dejaba caer poco a poco el
maíz consiguiendo pasar con éxito su primera tarea. Habían pasado años que no hacía eso y
volverlo a hacer le sacó una sonrisa nostálgica.
Después de unos
minutos vio a Kyuhyun volver a lo lejos. Una joven muchacha llamó la atención
del castaño y empezaron una conversación que por la lejanía Sungmin no podía
escuchar. Aun estando lejos podía ver cómo esa muchacha se comía con la mirada
al vaquero sexy. A kilómetros se notaba que era una de las muchas moja bragas
de Kyuhyun. Vio cómo la chica se acercaba peligrosamente al
menor y por un momento pensó que se besarían, pero esta solo parecía contarle
algo al oído. Algo que hizo sonreír a Kyuhyun.
Frunció el ceño
ante tal escena, sin darse cuenta había bajado sus brazos y derramaba todo el
maíz. Una gallina saltó a su brazo clavándole las garras. Lo sacudió intentando
deshacerse del animal sin éxito. Por evitar pisar a otra gallina, perdió el
equilibrio, cayó golpeándose la espalda, derramando el maíz que quedaba por su
cuerpo y con 10 gallinas encima. Escuchaba risas. Genial. Vio que la muchacha
con la que hablaba Kyuhyun se reía a carcajada limpia de él, pero lo que más lo
enfureció fue ver que el castaño también reía en vez de ir y echarle una mano.
Sungmin se levantó como pudo deshaciéndose de los animales que tenía encima. Tiró los baldes ya vacíos a un lado y con paso firme se metió a la casa para cambiarse.
Sungmin se levantó como pudo deshaciéndose de los animales que tenía encima. Tiró los baldes ya vacíos a un lado y con paso firme se metió a la casa para cambiarse.
Subiendo las escaleras se encontró con un Hyuk recién levantado.
-Wow ¿Apocalipsis
de gallinas zombies?
-No estoy para tus
bromas, apártate – lo empujó y subió a su cuarto.
El rubio recién levantado lo siguió.
-Hey hyung ¿qué ha
pasado?
-Odio estar aquí,
quiero irme. Eso pasa.
Eunhyuk espió por
la ventana que daba al jardín trasero. Vio al vaquero que abrazaba a su hyung
el día anterior con una atractiva chica en el corral. Sungmin le contó lo
sucedido mientras se cambiaba de ropa.
-Y… ¿qué te molesta
más, que esa muchacha estuviera coqueteando con Kyuhyun o que te cayeras por
una estúpida gallina? – Su amigo no se andaba con rodeos – ¿Es bastante sexy, no
crees?
-Cállate. Sé por
dónde vas y no. No me importa quién coquetee con ese estúpido.
-¿Estás seguro? Todavía
no me has explicado por qué los pillé ayer abrazaditos en la entrada. – dijo el
rubio coloreando las mejillas de su amigo.
-Eso fue… solo… Yo
me sentía mal y…
-Ya, no necesito
más explicaciones, tus mejillas como tomates son suficientes – y carcajeándose
huyó antes que el moreno lo matase. Le lanzó la camiseta limpia que estaba a punto de ponerse pero el cara de mono fue rápido y huyó antes de que le golpeara.
Kyuhyun se preparó con su yegua y cuerda en mano para entrar e intentar calmar a la bestia.
Sungmin sabía que era otro desafío y cayó en la cuenta de lo que estaba a punto de hacer. Los murmullos no tardaron en aparecer. El pelinegro respiró con fuerza dispuesto a entrar en la cuadra.
Empunhó el mástil y con delicadeza empezó a tocar una melodía que por el jaleo de la bestia apenas se escuchaba. Sus dedos se deslizaron con destreza por las cuerdas creando un maravilloso sonido. Cerró los ojos sumergiéndose en la canción mientras los demás se miraban perplejos por lo que hacía.
El pequeño jinete montaba a lomos de su hermoso caballo nuevo, con la felicidad en el rostro mientras el viento acariciaba sus mechones oscuros. Un movimiento brusco provocó que perdiera el equilibro y cayera del animal. Las lágrimas no tardaron en surcar sus mejillas sonrosadas.
-¿Maltratando a tu pobre amigo otra vez? – Kyuhyun
apareció en la puerta de su habitación alzando la camiseta del suelo - ¿Estás
enojado conmigo? – Esa cara de culpa no le pegaba nada pero parecía sincero –
digo... más de lo normal – esa sonrisa burlona sí era más suya, ya estaba
tardando.
Sungmin le arrebató de las manos su camiseta y
empezó a vestirse. No podía negar que estaba sonrojado por el hecho de que el
otro lo viera medio desnudo. Un minuto más pronto y se lo encontraba en boxers.
-¿No te han dicho que es de mala educación entrar
sin tocar la puerta o pedir permiso? – soltó cabreado al ver que el castaño
entraba sin reparo a su cuarto, curioseando los dibujos colgados en la rosada
pared e ignorando su pregunta.
-No ha cambiado nada
Kyuhyun mostró una hermosa sonrisa nostálgica al ver aquel dibujo de un caballo azabache a orillas de un manantial, colgado en la pared rosa. Se quedó observándolo.
Kyuhyun mostró una hermosa sonrisa nostálgica al ver aquel dibujo de un caballo azabache a orillas de un manantial, colgado en la pared rosa. Se quedó observándolo.
-Tú me lo regalaste. Tenías un gran talento
pintando– sonrió al recordarlo.
-¿Tenía? Me ofendes hyung. Sigo siendo bueno y mejor
aún- ‘’Hyung’’ El pelinegro sonrió y rodó los ojos por aquel tono egocéntrico
que utilizó a propósito el menor – Te he hecho sonreír, ¿estoy perdonado? –
puso ojos de cachorrito.
-Estúpido, no estaba enfadado contigo – rió por el comportamiento aniñado del otro – Bueno quizás un poquito… por
no haberme ayudado – lo miró fingiendo enfado
-¡Iba a hacerlo! Pero te fuiste casi corriendo
-¿Qué esperabas? ¿Que me quedase a que te cansaras
de reírte de mí? – Kyuhyun rió fuerte al recordar la escena, indignando al otro
– ¡Estúpido! – lo golpeó con fuerza el brazo.
-Hyung reconoce que fue muy gracioso. Auch… – acarició
donde había recibido el golpe. Su hyung era muy fuerte pero no podía parar de
reír, acabó contagiando a Sungmin y pronto sus risas se unieron en una
divertida melodía.
Suspiraron casi al mismo tiempo después de reír un
rato. Kyuhyun se le acercó, sus rostros quedaron a escasos centímetros de
distancia y Sungmin sintió que se le cortaba la respiración. El calor no tardó
en invadir su cuerpo. Peligro.
-Lo siento
hyung, debí ayudarte – susurró, mirando esos labios acorazonados que
pedían a gritos ser besados ¿Pero qué estaba pensando? No debía olvidar que era
un hombre a quien tenía delante.
-No – soltó todo el aire que hasta ese entonces
retenía – Soy yo quien lo siente y mucho – Vio la confusión en el rostro de
Kyuhyun pero éste no tardó en darse cuenta a lo que se refería su mayor.
Sungmin se disculpaba por haberse ido hace años sin despedirse y el menor vio
un fuerte sentimiento de culpa en sus ojos.
-Tú no tuviste la culpa hyung, me enteré del shock
que sufriste y aunque en ese entonces era un niño, supe entenderlo – atrapó
entre sus dedos un rebelde mechón azabache del mayor y con delicadeza lo acomodó
detrás de su oreja – No tienes que disculparte – sonrió intentando aliviarlo.
Lo que Kyuhyun no supo fue que ese acto tan simple e inocente había tensado por
completo a quien tenía en frente, dejándolo sin habla y con un fuerte color
carmín en el rostro.
Un carraspeo los interrumpió haciéndolos mirar hacia
la puerta del cuarto. Kangin se encontraba apoyado en el marco con una sonrisa
en la cara. Las mejillas de Sungmin ardían.
-Siento interrumpir con mi llegada pero necesitaba
entregarte esto Sungmin – el hombre sacó de detrás de su espalda una funda de
guitarra negra – debía entregartela en las manos, fue esa tu orden.
-Gracias – la recibió y como acto reflejo se pasó el
cinturón por la espalda. Se sentía completo con ella. – Creí que llegabas
mañana –
-Tus padres adelantaron su viaje –
-¿Trajiste a Sungjin? – sus ojos se iluminaron al
nombrar a su hermano y eso no pasó desapercibido por el castaño que observaba
y escuchaba con atención.
-No, él se fue de vacaciones con la familia de un
amigo –
-Tsk. Maldito crío con suerte – dijo, recordándoles que
no le agradaba estar en ese lugar. Kangin rió.
-Estoy seguro que al final del verano no querrás
irte de aquí – dijo el mayor de todos echándole una mirada insinuosa al vaquero
que estaba detrás de Sungmin.
-Kangin! – Donghae irrumpió en el cuarto llamando la atención de los otros – Esto… siento interrumpir pero es una emergencia. Es Bandido,
otra vez… -
Los cuatro salieron con prisa a ver al caballo. Como
ya era de costumbre para los que trabajaban allí, Bandido se encontraba
inquieto y furioso en la cuadra.
Kyuhyun se preparó con su yegua y cuerda en mano para entrar e intentar calmar a la bestia.
-Espera! Yo quiero intentarlo – Sungmin protestó
ante la mirada de los demás. Miradas desconocidas lo analizaban, unos con burla y
otros con curiosidad. Se dio cuenta de la cantidad de vaqueros que lo rodeaban y
se sintió incómodo al ser el centro de atención
-Será mejor
que te mantengas al margen, es peligroso, déjaselo a los profesionales – la voz
grave de un hombre muy apuesto y que casi le sacaba dos cabezas, lo frenó – Soy
Siwon, mi especialidad es domar a estos animales y puedo decirte con seguridad
que ni siquiera yo he conseguido hacer algo con este. Sin embargo, Kyuhyun ha
demostrado ser más capaz con él – dijo con una sonrisa de orgullo y cariño hacia
el nombrado.
-Un gusto Siwon, y te agradezco la preocupación pero
es mi caballo. Quiero intentarlo. – el tono decidido acalló cualquier replica.
-Sungmin, Siwon tiene razón, por favor, no empieces con tus caprichos –
dijo Kangin frunciendo el ceño
-Sungmin-ssi puede ser muy peligroso! – la voz preocupada
de Donghae se dejó sonar – Kyu, di algo, ¿de verdad dejarás que lo haga?
Kyuhyun miró preocupado a los ojos avellana de Sungmin que a su vez le devolvió una mirada infranqueable. Pasaron unos
segundos hasta que habló.
-Por supuesto – sonrió de lado sin dejar de mirarle –
Será interesante –
Sungmin sabía que era otro desafío y cayó en la cuenta de lo que estaba a punto de hacer. Los murmullos no tardaron en aparecer. El pelinegro respiró con fuerza dispuesto a entrar en la cuadra.
-Espera, ¿no quieres un caballo? –
-No, no es necesario – dejando a todos con la
boca abierta por su respuesta, abrió el cercado de madera para entrar.
Bandido corría de aquí para allá por todo el lugar,
relinchando de vez en cuando. Su semblante furioso asustaba a cualquiera. Nada más
entrar, el caballo aumentó su furia relinchando con fuerza. Sungmin respiró
hondo, la adrenalina empezó a correr por sus venas y el sudor frío por su sien.
‘’Vamos amigo, sabes quien soy’’ recitaba en su
mente como una oración por su vida.
Caminó con lentitud hasta posicionarse en el centro
de la cuadra. El caballo empezó a cabalgar desbocado a su alrededor envolviéndolo
en una nube circular de polvo. Kangin apretó la mandíbula con fuerza mientras
los demás observaban con preocupación y curiosidad. Kyuhyun sonreía.
Sungmin se sentó en la arena cruzando las piernas,
se pasó su guitarra por delante y la desenfundó. Bandido cabalgaba furioso a su alrededor como un tigre acorralando a su presa.
Empunhó el mástil y con delicadeza empezó a tocar una melodía que por el jaleo de la bestia apenas se escuchaba. Sus dedos se deslizaron con destreza por las cuerdas creando un maravilloso sonido. Cerró los ojos sumergiéndose en la canción mientras los demás se miraban perplejos por lo que hacía.
Pasados unos minutos el caballo aminoró el paso. Los
murmuros se acallaron dejando que la hermosa melodía creada por aquel pelinegro
se oyera con claridad.
Sungmin tocaba aquella canción mientras su mente
viajaba muy lejos.
-Waaaaa
Sungmin-hyung sabe montar tan bien- el niño de cabellos castaños observaba
con asombro al otro niño de cabellos negro azabache que cabalgaba con facilidad
aquel semental recién obsequiado.
-Algún
día seré tan bueno como tú hyung – decía con el brillo de la ilusión en los
ojos
El pequeño jinete montaba a lomos de su hermoso caballo nuevo, con la felicidad en el rostro mientras el viento acariciaba sus mechones oscuros. Un movimiento brusco provocó que perdiera el equilibro y cayera del animal. Las lágrimas no tardaron en surcar sus mejillas sonrosadas.
-Hyung!
¿Estás bien? – le ayudó a levantarse pero el otro solo sollozaba acariciando su
brazo lastimado. Por suerte la caída no fue grave.
-N-no
s-soy tan b-ueno – decía entre hipidos
-No
digas eso! – el tono fuerte del castaño lo hizo elevar su mirada cristalina ya
que aunque el otro fuese menor, este le superaba en altura – jamás digas que no
eres bueno en algo hyung, fue culpa de ese estúpido caballo, no sabe obedecerte
– aquellas palabras inocentes de su menor le arrancaron una sonrisa divertida -¿Te
digo un secreto? – dijo llenando de curiosidad el corazón infantil del más
bajito – Te ves muy lindo cuando sonríes hyung – susurró estremeciendo el cuerpito
menudo del pelinegro y sonrojando sus mejillas porcelana.
Los
suaves labios del más alto se posaron con un ligero pero dulce tacto sobre los
suyos, aumentando su ritmo cardíaco de sobre manera. Se separaron con delicadeza.
-No
llores, si? -
Sonrió, sin dejar de tocar, por aquel recuerdo fugaz
del primer día en que montó a Bandido hasta que un ligero toque en su hombro lo despertó. Abrió los ojos y se encontró con el hocico de su caballo dándole suaves toques en el hombro, totalmente calmado. Estiró su mano para acariciarlo.
-Yo también te eché de menos amigo -
Su corazón latía desbocado, pero no estaba seguro si era por Bandido o por aquel niño que le robó su primer beso y que ahora se había convertido en un joven maduro y apuesto que lo sacudía por dentro y despertaba sensaciones que jamás había experimentado. Elevó la mirada y ahí estaba, tan atrayente como un vaso de agua en medio del desierto y tan indescifrable como un misterio, la mirada del que empezaba a gobernar sus pensamientos lo observaba solo a él y sin darse cuenta empezó a caer en ella, sin escapatoria, sin salida.
Su corazón latía desbocado, pero no estaba seguro si era por Bandido o por aquel niño que le robó su primer beso y que ahora se había convertido en un joven maduro y apuesto que lo sacudía por dentro y despertaba sensaciones que jamás había experimentado. Elevó la mirada y ahí estaba, tan atrayente como un vaso de agua en medio del desierto y tan indescifrable como un misterio, la mirada del que empezaba a gobernar sus pensamientos lo observaba solo a él y sin darse cuenta empezó a caer en ella, sin escapatoria, sin salida.
Después de meses actualizas ;D
ResponderEliminarMe encanto este CAP.
Tu sabes, Min pelinegro, Kyu con vaqueros y camiseta ajustada, Min celoso, ellos besandose de nenes ~ So sweet <3